jueves, 28 de abril de 2011

Saliendo del sueño apolítico



No hablaré más de Humala ni de Fujimori. No vale la pena hacerlo.
Lo que si vale la pena mencionar es un fenómeno que se dio en la primera vuelta, gracias a PPK, o mejor dicho, gracias a las estrategias de PPK y a la idea de lo que él representaba. No hablo de otra cosa que del arraigo que tuvo en la juventud, fuere cual fuere la razón.

En varias ocasiones escuché de personas bastante ajenas a la política, que por primera vez en sus vidas de votantes, miraban una elección con ganas, estaban pendientes de las encuestas y se empecinaban en repetir cada vez que podían que tal candidato era el mejor porque era el mejor.
Si bien, la mayoría de las veces, sus razones no pasaban de una frase cliché y trillada, lo que merece ser observado es que toda esta gente estuvo a la expectativa del flash de las cuatro de la tarde. Es decir, de una u otra forma, este candidato logró despertar a toda esta población dormida a la que no le interesa la política por verla demasiado ajena, demasiado lejos.

Ahora bien, pasada la primera vuelta y dados los repudiables resultados, la probable tendencia es que esta población quede aletargada, vuelva a sus labores diarias y regrese a anclarse en el sueño apolítico acostumbrado. Es aquí donde radica el compromiso social que muchos de nosotros debemos tomar como nuestro, sin llegar a extremos idealistas de pensar que de buenas a primeras toda esta masa de gente se convertirá en una clase dirigente potencial. No.
Lo primero que debemos hacer es darnos cuenta de que en cada acto que realizamos respiramos política; que en cada cosa que compramos, alimentamos al estado; que cada paso que damos, lo damos en un intento de nación. Es decir, debemos entender (y hacer entender) que la política es parte inherente a nosotros y que no podemos darle la espalda porque nuestros ojos se volverán a topar con ella como un final sin fin bien al estilo de Cortázar.

Es un compromiso casi obligatorio el que esta gente no pierda de vista a los gobiernos, porque así como resultó siendo una fuerza que impulsó a un candidato, puede convertirse en una fuerza que defienda la democracia, ya que esta es la única alternativa (ideologías de lado) que tenemos de poder salir del subdesarrollo.

Amador Jorge Villanueva

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